Cuatro encuentros con Onetti en La Habana.
- (Pre)textos
- 9 may 2020
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Actualizado: 29 may 2020
Por Sergio Rinaldi
A comienzos de 2001 inauguramos centuria y quemamos las naves rumbo a la Isla Caimán.
De los muebles desarmados De los muebles apretados De los muebles obligados Una lágrima rodaba...* Estos versos de Cabrera relataron meses después aquella mudanza y volvieron a viajar más de siete mil kilómetros, como antes lo hicieron otros amigos dispuestos a rodear soledades, desbordando valijas desvencijadas con secretos compartidos. Los amigos y aquellos secretos compartidos tenían rostros de libros, de cd's, de viejas fotos, de revistas, de casetes, y nombres como el de Zita, el Darno, un tal Borges, un Florentino Gabo, Julio en Manuel, la Contrafarsa, El Patio y Crisis. Crisis surgió en 1973, -el año que perdimos a los tres Pablos, las libertades y otras inocencias- fue una revista argentina, que fecundaron Gelman y Galeano. Unos años después, por azar, rescatamos de una caja perdida en la feria de Tristán Narvaja, sus primeros diez números! Uno de ellos, el número 5, incluía un artículo (in)titulado: resurrecciones. Así "viajó", otra vez a La Habana, Juan Carlos Onetti. Fue el primero de los cuatro encuentros que tuve con él, allá. **
la revista
las ideas estéticas de Periquito el Aguador En 1939, nació en Montevideo el semanario Marcha y Juan Carlos Onetti fue su primer secretario de redacción. Y no sólo: también hizo crítica literaria: sección "La piedra en el charco", firmada por Periquito el Aguador. Veamos una de ellas...

durar en literatura
"...Con motivo del ingreso de Maurois a la Academia, una revista parisien le ha preguntado: "Cuál es el secreto de su éxito?", el ilustre escritor se limitó a contestar: "Muy simple. Yo he durado".
La anécdota es de poca trascendencia, prosigue Onetti. Pero habrá de divulgarse y mucha gente entre nosotros aprenderá que la clave de triunfo en literatura es "durar". Y se dispondrá a hacerlo, y seguirá durando, y duraciones que soportamos desde hace tiempo se prolongarán infinitas e implacables. Este peligro nos sobrecoge. Este "durar" admite sentidos más serios...". (Marcha, N 6, 28 de junio de 1939)
el libro
Festival del Nuevo Cine Latinoamericano
Uno de los privilegios que tuve, como corresponsal de Prensa extranjera en La Habana, fue cubrir una intensa, diversa y maravillosa agenda cultural. Cada diciembre nos convocaba el impresionante Festival Jazz Plaza y el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. El día 0 es el de las acreditaciones. El salón 1930 se inunda de murmullos, de reencuentros, de abrazos, de libros, de programas y presentaciones. Ya metidos en clima, iniciamos el ritual cubano de las colas y pedir "el último...detrás de quién?" Cuando finalmente llegaba nuestro turno, escuchamos un diálogo entre dos personas, que de espaldas a mí y sin verse ellos sus rostros, conversaban en un decir reconocible: "...como el Uruguay no hay", uno; el otro, "las raíces siempre tiran, no hay día que pase sin hablar con amigos..."; "el café, la radio, los diarios, viajes por dónde viajes...el paisito se extraña"; "...qué maravilla nuestro país...nuestra gente". Salté como una langosta...las noticias del Sur en aquel 2002, eran trágicas en la crisis conocida y padecida. Le toqué el hombro al más próximo, y le pregunté: Disculpe, usted es uruguayo? En que país está viviendo? Se dieron vuelta los dos, sus rostros eran conocidos, pero no los identifiqué de inmediato. Sus reacciones al unísono: "Sí somos uruguayos, no estamos en este momento en el país, pero sabemos lo que está pasando". Entonces?, les pregunto. Uno era el escritor, crítico, investigador y profesor universitario, Jorge Ruffinelli y el otro César Charlone, fotógrafo, director de fotografía (Ciudad de Dios, Blindness, Los dos Papas), director de cine (El baño del Papa) y guionista. El desencuentro se aclaró de inmediato en cercanías de uruguayez. Se saldó, al otro día, con un café cubano bien cargado de recuerdos y emociones. Jorge estaba radicado en USA y había llegado como jurado al Festival, y Charlone en Brasil, fue a presentar Ciudad de Dios, ganadora del Gran Coral, ese año.

Tenía una sorpresa inesperada: Entre los libros amigos que embarcamos un año antes, estaba uno, simplemente titulado: Onetti. Editado por Marcha.
Una selección de autores que hacen una revisión crítica del itinerario del escritor hasta la fecha de su edición, en marzo de 1973, recopilada por Ruffinelli. Cuando nos quedamos solos, la charla se extendió un rato y tuve el privilegio de que compartiera el secreto del hallazgo de los breves textos inéditos que incluía el libro y anécdotas que reafirmaron el perfil conocido del escritor: Hosco, amigo del silencio, del diálogo consigo mismo, accesible sólo en raros momentos, creador de su propia imagen taciturna, para el que dos ya son una multitud, y la soledad ya es suficiente compañía. Un Onetti accesible, solo para sólidas amistades, como la de Jorge Ruffinelli.
La dedicatoria que me regaló, lo dice todo.
la obra "Onetti en el espejo" Aquella mañana de mayo de 2006 nos esperaba luminoso el Aeropuerto José Martí, fuimos a recibir un elenco del Teatro Circular, que viajaba por primera vez a La Habana, para presentar: Onetti en el Espejo. La obra basada en entrevistas que realizó la periodista uruguaya María Esther Gilio al escritor, entre 1965 y 1993, fue adaptada por Hiber Conteris, tenía a Walter Reyno en el rol de Onetti y a Paola Venditto como Gilio, bajo la dirección de Patricia Yossi. Junto a ellos viajó también, la propia María Esther. Mayo Teatral los convocaba, estaban programados para el 18, 19 y 20 en la Sala Teatro El Sótano, en El Vedado. Así pude llegar varios días hasta donde estaban hospedados, a mitad de jornada, cuando algo de sus cansancios ya había quedado atrás. Tenía el indisimulable objetivo de conversar con María Esther, ser su propio aprendiz: oír para contar. Y así fue, el intercambio confirmó la maravilla de su lucidez y la iluminada inteligencia de esa mujer, la que mejor supo entrevistar por estos lados. El tema de su relación con Onetti la persiguió toda la vida y hacía tiempo que se negaba a hablarlo, pero ahora tenía la ineludible "excusa" para hablar de él, a través de la obra. En ella (y con ella de testigo), Onetti, al que tantos han definido como misterioso y tentador, confiesa su angustia existencial, sus preocupaciones, avatares, gustos, alucinaciones, picardías, excesivos vicios, su ironía, su didáctico pesimismo, sus opiniones políticas y religiosas, en definitiva, su manera de sentir y de vivir. La tarde antes de su despedida, como demostración de un breve pero intenso afecto, me contó de un hallazgo y me regaló tres preguntas de una querida entrevista:
Fue la muchacha de dieciséis años en la que Onetti se inspiró para el personaje de la adolescente en su primera novela El pozo.
<><><><><><><><><><><><><> MEG - ¿Nunca se sintió feliz? Cuente de alguna vez que haya sido feliz. Pero feliz porque sí; por el solo hecho de vivir. JCO - Una vez. Fueron 48 horas. MEG - Hay otro momento en que usted se siente feliz. O eso creo. Cuando consigue "convertir en victoria una de las derrotas cotidianas". JCO - Terminar un libro es una victoria. MEG - ¿Cuál es la derrota cotidiana? JCO - Es estar cada vez más viejo y tener menos ilusiones.

El documental "Jamás leí a Onetti" Con el apoyo esencial del ICAU, por primera vez en Cuba y desde nuestra embajada, tuvimos la oportunidad de organizar la Primera Muestra de cine de Uruguay en Cuba, y luego la Segunda. Llegaron más de 40 producciones, entre cortos, ficción y documentales, y la visita muy esperada de Manuel Martínez Carril. Entre las propuestas estaba programado el documental-homenaje "Jamás leí a Onetti", con la dirección y guión de Pablo Dotta. En él se recrea con testimonios, palabras, dibujos y música, parte del legado onettiano. La vida y pensamiento del escritor uruguayo se desvela a través de su viuda, Dolly Muhr, de los escritores Eduardo Galeano y Antonio Muñoz Molina, de los periodistas Juan Cruz y María Esther Gilio, y del inolvidable Tomás de Mattos. La mítica sala Charles Chaplin, de 23 y 12, al lado del ICAIC, convocó a cientos de espectadores, entre estudiantes uruguayos, cineastas y admiradores del escritor. Fue conmovedor desde el inicio, con ese hallazgo del dibujante que nos lleva de su mano por cada rincón de la Santa María que fue creando Onetti en sus libros, y luego eso tan emocionante de la vocación literaria: el hombre que se sabe enfermo, pero sigue escribiendo, aunque su letra luzca disgregada en su trazo, hasta el final sigue escribiendo, eso tan onettiano de escribir y los sueños realizados. Viaje circular en esta crónica, Onetti y Cabrera también se encuentran. La cámara lo sigue, los silbidos ensayan por la calle una melodía, los pasos doblan una esquina, luego los escalones sucesivos dejan atrás un espiral, mientras se impulsa de la baranda para ganar altura. Con su guitarra balanceándose para lograr equilibrio, ahí va Fernando Cabrera al encuentro del lugar donde moraba para siempre jamás Juan Carlos Onetti. Lo esperaban Dolly Muhr...y Jorge Drexler. Y juntos cantaron:
" Supieron de sueños, metas y mapas...la luna tocada de estrellas / el cielo parece otorgado al amor y sus dulces querellas / el sueño duró mientras ellos soñaban / ahora son libres como si lo fueran / supieron por fin que la noche es eterna".
Teaser del documental: https://youtu.be/fb2yTqAkpQw
* Mudanza, Fernando Cabrera. (Viveza, 2002)
** Juan Carlos Onetti visitó efectivamente La Habana, en dos oportunidades,
convocado por Casa de las Américas. La última vez fue en 1976.
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